Haifa y Acre: la costa norte de Israel

En la costa norte de Israel y aproximándose a la frontera libanesa se esconden dos de los lugares más pintorescos de Oriente Medio: la ciudad de Haifa con sus Jardines Bahá'í, un sitio sagrado para la fe Bahá'í; y la ciudad de Akko, un asentamiento habitado de forma continua desde la época fenicia y famosa por los increíbles restos de la ciudad de los cruzados, preservada casi intacta desde el siglo XII. ¡Echa un vistazo a cómo combinar ambas ciudades en un solo día!


Cómo llegar

Tanto Haifa como Akko están muy bien conectadas por autobús o tren, por lo que son perfectas para una visita de un día desde Tel Aviv o Nazaret. Durante mi visita a Israel, decidí viajar desde Nazaret mientras pasaba unos días explorando la región de Galilea. 

La primera parte del trayecto fue en el bus 331 desde Nazaret hasta Haifa. El viaje toma menos de una hora. Tras explorar Haifa, tomé uno de los frecuentes trenes que cubren la ruta Tel Aviv - Akko y me puse allí en unos 30 minutos. En el camino de vuelta tomé el bus 353 hasta Nazaret. Este bus para en incontables pueblitos en el camino, por lo que se puede tardar más de 2h30m en llegar.  

Los trenes salen cada media hora como máximo, por lo que no te preocupes demasiado por los horarios, siempre habrá un tren llegando en unos minutos al que te vas a poder montar. Para los autobuses, los horarios pueden variar dependiendo del día de la semana, por lo que siempre merece la pena comprobarlos en  bus.co.il, la página web oficial del Centro de Transporte Público de Israel. 


Haifa

 

Tomé el bus de las 8:15am desde Nazaret a Haifa, que sale al lado de la ciudad antigua justo detrás de la Iglesia de la Anunciación, por lo que llegué a Haifa sobre las 9am. El motivo principal para viajar hasta Haifa era visitar los Jardines Bahá'í, el monumento más destacado de la ciudad.

Originalmente una ciudad árabe que fue destruida por los cruzados en el siglo XII, Haifa tuvo su resurgimiento a principios del siglo XIX, cuando se convirtió en uno de los principales puertos de llegada de la creciente población judía. La ciudad era conocida por su liberalismo, el cual aún se refleja en la pacífica relación entre la comunidad judía principalmente secular y la población árabe. Hoy en día, Haifa es uno de los motores económicos de Israel y posee una de las universidades más famosas del país. 

 

Edificio del puerto de Haifa

 

De camino a los jardines, uno de las partes más pintorescas del centro de la ciudad es la colonia alemana.

Durante mediados del siglo XIX, un nuevo movimiento reformista surgió en Württemberg, Alemania. Sus defensores más acérrimos abandonaron la Iglesia Protestante y establecieron la Asociación de los Templarios (no confundir con los con los Caballeros Templarios de la Edad Media).

Declararon como misión asentarse en la Tierra Santa y establecer una comunidad cristiana ejemplar. 

 

Restaurantes en la colonia alemana

 

En la época del asentamiento templario, Haifa era un pequeño pueblo. La mayoría de la población vivía dentro de las murallas de la ciudad. Los primeros terrenos de tierra los compraron los templarios en 1869 y poco después comenzó la construcción del asentamiento. 

Al comienzo, la mayoría de la población estaba envuelta en la agricultura, y fueron los primeros en introducir los servicios de transporte de pasajeros por toda la costa hasta Acre. En 1875, el asentamiento se componía de unas 300 personas. 

 

Arquitectura tradicional de la colonia alemana

 

Tras la guerra ruso-turca, la comunidad de Haifa continuó prosperando como la principal colonia alemana en Eretz Israel. Durante la primera Aliyá (inmigración), los templarios fueron contratados en la construcción, construyendo los nuevos asentamientos judíos e instalaciones industriales en Haifa. 

Después de que Palestina fuese conquistada a los otomanos por el General Allenby, la mayoría de los colonos alemanes fueron considerados enemigos. Tras el estallido de la Segunda Guerra Mundial, los británicos enviaron a los colones a campos de reclusión. 

Hoy en día, la colonia alemana de Haifa ha sido restaurada completamente a su esplendor original, y se ha convertido en uno de los centros de la vida nocturna de Haifa gracias a los numerosos cafés, restaurantes y hoteles a su alrededor. 

 

Plaza en la colonia alemana

 

La ciudad de Haifa es una ciudad sagrada para la fe Bahá'í, una religión nacida en Irán que promueve la unidad e igualdad de todos los pueblos. 

Justo al final de la colonia alemana, situada sobre el Monte Carmel y construida alrededor del Santuario del Báb, puedes encontrar las Terrazas de la fe Bahá'í, también conocidas como los Jardines Colgantes de Haifa

 

Vista de los jardines desde la Plaza de la Unesco para la Tolerancia y la Paz

 

El 21 de marzo de 1909, los restos mortales del Báb, una de las figuras centrales de la fe Bahá'í, fueron enterrados en el santuario que es el foco central de los jardines. Martirizado en Irán en 1850, el Báb se entregó a preparar la llegada de Bahá’u’lláh, fundador de la fe Bahá’í, y su mensaje por la unificación de la humanidad. 

La estructura exterior del santuario, así como las dieciocho terrazas con jardines, fueron creadas totalmente gracias a las contribuciones de Bahá’ís alrededor del mundo. Los jardines fueron declarados Patrimonio de la UNESCO en 2008. 

 

Vistas de Haifa y el puerto desde lo alto de los jardines

Fuentes a la entrada de los jardines

Jardines Bahá’í

 

El área abierta a los visitantes es bastante pequeña, sin embargo, hay visitas guiadas gratuitas que descienden desde lo alto del Monte Carmelo hasta el Santuario del Báb, dando acceso a una parte mayor del conjunto.

Desafortunadamente realicé mi visita un miércoles, el único día de la semana en el que no hay visitas de los jardines. Puedes comprobar los horarios en ganbahai.org.il. No es necesario hacer reserva previa.

Tras disfrutar los jardines, volví hasta la estación de trenes para tomar mi tren a Acre.

 

Acre

 

La estación de trenes de Acre se encuentra a unos 20 minutos a pie de la ciudad vieja, donde están situadas la mayoría de las atracciones turísticas. 

El contraste entre la parte moderna de la ciudad y la ciudad histórica, rodeada por murallas, es bastante grande, por lo que es imposible no darse cuenta de que has llegado a la ciudad vieja de Acre.

 

Murallas rodeando la ciudad vieja de Acre

 

Acre, conocida localmente como Akko, siempre ha jugado un papel muy importante en la historia. Mencionada por primera vez por los egipcios ya en el siglo XIX a.C, Acre era conocida en la mitología griega como el lugar en el que Hércules tomó refugio y encontró unas hierbas para curar sus heridas. 

Tras ser ocupada por Alejandro Magno y los egipcios, los árabes llegaron a la ciudad en el año 637. Sus habitantes vivieron en paz hasta la llegada de los cruzados, quienes hicieron de la ciudad uno de sus principales bastiones. 

Hoy, la ciudad vieja de Acre está habitada principalmente por árabes, mientras que los judíos se han asentado fuera de las murallas de la ciudad vieja. En cuanto cruzas las murallas, una de las primeras vistas es sus distintivas construcciones de piedras y la hermosa mezquita Ahmed el-Jazzar.

 

Ciudad vieja de Acre y mezquita Ahmed el-Jazzar

 

La mejor opción para disfrutar al máximo de las atracciones de Acre es comprar uno de los tickets combinados. Hay varias opciones disponibles, pero yo compré la entrada que incluye la Fortaleza Hospitalaria, el Museo Okashi, el túnel templario y el Museo Etnográfico de los Tesoros de la Muralla. 

Comencé mi visita con la Fortaleza Hospitalaria, el mayor edificio incluido en el ticket combinado. Puedes coger una audioguía a la entrada disponible en varios idiomas y que está incluida en la visita. Yo la encontré muy útil para entender en su totalidad la historia del edificio.

 

Fortaleza Hospitalaria

 

Entre los siglos XII y XII, este lugar albergaba la fortaleza de la Orden de los caballeros hospitalarios de San Juan, conocidos como los hospitalarios, los cuales se asentaron en Acre hasta la conquista musulmana de la ciudad en 1291.

Sobre las ruinas de la fortaleza, la cual fue reconstruida por los otomanos en los siglos XVII y XVIII, se construyó la Ciudadela y el Palacio de los Gobernadores de Acre. A mediados del siglo XIX, las autoridades otomanas añadieron una prisión.

Bajo la administración británica (1918-1948), los edificios se usaron como oficinas de gobierno y eran la mayor prisión de Palestina. Tras el establecimiento del Estado de Israel, el edificio se usó de sanatorio mental hasta 1985. 

 

Emblemas en la Fortaleza Hospitalaria

 

En el interior, una de las partes más impresionantes es la sala bella.

Su nombre refleja su excelente estado de conservación. Parece ser que sirvió como sala de recepción para dar la bienvenida a los numerosos peregrinos que llegaban a la Tierra Santa en su viaje a Jerusalén.

 

Sala bella

 

Continuando con la visita llegué a la sala de las columnas. Aparentemente servía como comedor para los miembros de la Orden Hospitalaria. Todos los miembros comían aquí desde el líder de la orden y los alguaciles, los caballeros combatientes y los arqueros, hasta el último de los soldados y aprendices. 

La flor de lis, símbolo de los reyes de Francia, se puede encontrar grabada en las ménsulas del ala oriental de la sala.

 

Sala de las columnas

 

El patio central era sin duda el epicentro de la vida diaria de la orden. Aquí los Caballeros Hospitalarios practicaban distintas técnicas de combate, como lucha y tiro con arco. Los caballeros se entrenaban para el combate al menos tres veces por semana.

El patio está rodeado por todos los edificios de la orden. La sala occidental (de la cual no queda nada excepto una muralla que rodea el patio y detalles de las magníficas arcadas al otro lado), y el comedor también se podía acceder desde aquí. 

Alrededor del patio se pueden encontrar varias salas con información sobre la historia del edifico y Acre, así como exposiciones de artículos originales.

 

Patio central

 

Mi siguiente parada fue la Mezquita el-Jazzar, también conocida como la Mezquita Blanca. Situada justo a la salida de la Fortaleza Hospitalaria, la entrada no está incluida en el ticket combinado, pero merece el precio de entrada de 10 NIS (aprox. 2.5€)

La mezquita, completada en 1781, toma su nombre del gobernador otomano bosnio el-Jazzar. El edificio es un ejemplo perfecto de arquitectura otomana, con su cúpula verde y minarete, un sabil (fuente pública) y un patio rodeando el complejo. 

 

Mezquita El-Jazzar

Interior de la mezquita

Decoración en el exterior de la mezquita

 

Tras una visita rápida al Museo Okashi (con una exhibición de arte israelí) y el Museo Etnográfico de los Tesoros de la Muralla, me adentré en el túnel templario.

El túnel, con una longitud de 350m, se construyó y usó para conectar la fortaleza templaria en la parte occidental de la ciudad con el puerto al este. 

Aunque no hay mucho para ver en el interior, fue muy interesante cruzar la ciudad de lado a lado usando los pasajes subterráneos. 

 

Túnel templario

 

Pero la mejor parte de Acre es deambular por sus calles serpenteantes, llenas de arquitectura árabe tradicional, mercados y restaurantes. No te olvides de probar el hummus con kebab, ¡sin duda una de las mejores comidas que probé durante mi visita a Israel!

Escondido entre sus calles puedes encontrar iglesias, mezquitas, e incluso casas decoradas con arte contemporáneo.

 

Iglesia de San Jorge

Mercado en Acre

Decoración peculiar en el exterior de una casa

Bazar turco

 

Me encantó caminar sin rumbo en Acre durante unas horas descubriendo algo nuevo en cada esquina. Tras volver a la entrada de la ciudad vieja, tomé un bus con ayuda de una chica local muy amable que me llevó hasta la estación de autobuses, donde tomé el bus 353 de vuelta a Nazaret.

El resto de la noche fue bastante tranquila, ya que el próximo día comenzaría bastante pronto. Tras conocer otros compañeros de viaje en el Fauzi Azar Inn, fuimos a cenar juntos al centro de Nazaret. Por suerte, la mayoría se uniría conmigo al día siguiente a una visita al mar de Gallilea y los Altos del Golán desde Nazaret. No me esperaba mucho de esta visita, ¡pero resultó ser una de las experiencias más memorables de mi viaje!

 

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