Valle del Qadisha, Tannourine y cascada de Baatara: un viaje a las montañas del Líbano

En lo alto de las regiones montañosas del Líbano se esconde el Valle del Qadisha, un sitio Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO con cuevas excavadas en las rocas que solían estar habitadas por monjes cristianos. Durante mi último día en el Líbano, decidí realizar una visita a esta sorprendente zona del país y también aproveché la oportunidad para visitar la Reserva Natural de Cedros de Tannourine y la impresionante cascada de Baatara.


Cómo llegar

 

La región de Qadisha, Tannourine y Baatara se encuentra a tan solo 100km al noroeste de Beirut, sin embargo, te tomará al menos un par de horas llegar hasta allí. Llegar en transporte público es casi imposible, por lo que las mejores opciones son alquilar un coche, contratar un taxi durante todo el día, o como yo hice, reservar una visita guiada. 

Para explorar este sitio de la UNESCO tomé una visita privada en inglés con Living Lebanon, una compañía local que organiza visitas tanto en grupo como individuales. Mis compañeros de viaje y yo tuvimos la suerte de tener como guías a los propios dueños de la compañía, ¡y nuestra experiencia fue increíble! Estuvimos bastante contentos con sus servicios, y también elegimos a Living Lebanon para visitar Baalbek y la Gruta de Jeita.

 

Valle del Qadisha

 

El Valle del Qadisha es un sitio único en el mundo y compone uno de los mayores asentamientos de monasterios cristianos. 

Este conjunto de iglesias y monasterios enclavados en medio de las montañas libanesas se se remontan a los orígenes del cristianismo en el siglo IV.

Aquí se refugiaron las primeras comunidades cristianas de la región, creando sus templos en las cuevas naturales que usaron para vivir y meditar. 

 

Vistas del Valle del Qadisha

 

Incluso hoy en día es sorprendente pensar cómo estas primeras comunidades consiguieron asentarse en un lugar tan aislado, ya que algunas de las cuevas se encuentran en medio de elevados acantilados que solo son accesible con equipamiento especial. 

El Valle del Qadisha es especialmente significativo ya que es el origen de los maronitas, la mayor comunidad cristiana del Líbano. Fue en este valle que los patriarcas y obispos de esta orden vivieron y fundaron una de las mayores denominaciones cristianas de Oriente Medio.

Tras llegar al valle, nuestra primera parada fue el Monasterio de Mar Lichaa.

 

Monasterio de Mar Lichaa

 

Los orígenes de este asentamiento se desconocen, pero ya en el siglo XIV solía ser la residencia de los obispos maronitas. Más tarde en el siglo XVII un noble francés de Aix-en-Provence llamado François de Chasteuil hizo de este monasterio su residencia, donde vivió como un ermitaño el resto de su vida.  

Uno de los residentes más famosos del Monasterio de Mar Lichaa fue Antonios Tarabay, un monje libanés que vivió como un ermitaño en el monasterio hasta su muerte en 1998. Hoy en día es venerado por múltiples creyentes cristianos y actualmente está en el proceso de ser beatificado por la Iglesia Católica. 

 

Interior del Monasterio de Mar Lichaa

 

Desde el Monasterio de Mar Lichaa comenzamos nuestra escalada alrededor del Valle del Qadisha. Aunque el camino no esta muy bien señalizado, ya que pocos turistas visitan esta zona, la caminata es bastante agradable y relativamente fácil de seguir. Las vistas de las cuevas naturales con las montañas libanesas al fondo merecen bastante el esfuerzo. 

La siguiente parada fue la Iglesia de San Antonio de Padua. A pesar de que no tenemos mucha información sobre esta iglesia, se sabe que se construyó en el siglo XIII, aunque se han llevado a cabo renovaciones en los últimos años. En la parte superior, el edificio aún preserva parte de su muro original, construido con barro y arcilla cruda, técnica usada por los maronitas para evitar el uso de fuego cuando construían sus asentamientos y así poder permanecer escondidos y a salvo de sus enemigos.

 

Iglesia de San Antonio de Padua

 

Tras cruzar entre dos acantilados ayudados solamente por un trozo de madera que servía como puente, llegamos al Monasterio de la cruz, una de mis partes favoritas en la visita al Valle del Qadisha.  

Aunque desafortunadamente el estado de conservación es bastante pobre (hay que tener cuidado de no golpear las rocas o apoyarse en las paredes, ya que pueden derrumbarse con facilidad), la construcción no deja de ser bastante impresionante. 

 

Monasterio de la cruz el Valle del Qadisha

 

Datado en el siglo X, tiene una pintura de Jesús en la cruz de más de 1000 años de antigüedad, así como numerosas pinturas del siglo XII con inscripciones en griego. 

El monasterio fue vandalizado durante la Guerra Civil Libanesa, y muchas de las pinturas se han perdido parcialmente. Parte de la construcción ha colapsado debido a los factores meteorológicos, lo que llevó a la UNESCO a estar a punto de añadir el Valle del Qadisha a la lista de Patrimonio de la Humanidad en Peligro hace tan solo unos años. 

En el monasterio se pueden encontrar inscripciones en tres idiomas diferentes: siríaco, griego y árabe. Una de las inscripciones más prominentes contiene un pasaje en árabe que menciona a Satán, en el cual su nombre está escrito bocabajo. 

 

Pintura en el interior del Monasterio de la Cruz

Pintura de Jesús en la cruz

Inscripción en árabe con el nombre de Satán escrito bocabajo 

 

Continué mi visita visitando otras iglesias en las cuevas del valle, incluyendo Mar Sarkis, la cual ofrece unas vistas increíbles del valle desde su interior; Mar Bahnam, una típica iglesia escondida construida entre los siglos XII y XIII que aún preserva algunos de los colores de sus pinturas, y la iglesia de Mar Shmouni, la única iglesia que visitamos que estaba dedicada a una santa. 

Esta última solía tener unas hermosas pinturas en su interior que fueron completamente destruidas cuando los locales intentaron protegerlas de la guerra cubriéndolas con cemento. ¡Solo que no se dieron cuenta que al quitar el cemento arrancarían también las pinturas! Por suerte, un visitante tomó fotografías de las pinturas en los años 70, ayudándonos a tener una idea de cómo eran en aquel entonces. 

 

Vistas del Valle del Qadisha desde Mar Sarkis

 

Aparentemente algunos de los edificios en el valle del Qadisha normalmente están cerrados a los visitantes, pero tuvimos muchísima suerte y nuestro guía conocía a los gerentes del lugar y conseguimos acceso especial. ¡Otra buena razón para reservar la visita con  Living Lebanon!

 

Reserva natural de Cedros de Tannourine

 

Tras caminar por el Valle del Qadisha por al menos un par de horas, continuamos nuestro viaje por las montañas libanesas hasta llegar a la Reserva Natural de Cedros de Tannourine.

Las vistas por el camino fueron fantásticas. Mi viaje fue a final de la primavera, y la cumbre de las montañas aún estaba cubierta de nieve, un increíble contraste con la soleada costa a tan solo una hora en coche hacia el oeste. ¡Definitivamente no es la vista que te esperas en Oriente Medio!

 

Montañas de Tannourine

 

La Reserva Natural de Cedros de Tannourine es una de las mayores que puedes encontrar en el Líbano, y más del 80% de sus árboles son cedros, el símbolo nacional del país. 

El cedro es tan importante para el Líbano que incluso aparece en su bandera, representando un símbolo de lo sagrado, la eternidad y la paz.

Algunos de los cedros en esta reserva natural tienen siglos de antigüedad y han crecido creando increíbles formas. Las impresionantes vistas de las montañas nevadas y los bonitos alrededores hicieron de la Reserva Natural de Cedros de Tannourine una de las partes más especiales de mi viaje.

 

Reserva natural de Cedros de Tannourine


Cascada de Baatara

 

Descendiendo las montañas y no muy lejos de Tannourine nuestra última parada fue la cascada de Baatara, una de las formaciones naturales más impresionantes del Líbano. 

La cascada tiene una caída de 255 metros en una cueva escondida tras un puente natural de piedra. La cueva se formó de formal natural con caliza jurásica hace millones de años.

 

Cascada de Baatara

 

La mejor época para visitar es durante los meses de primavera, cuando la nieve comienza a derretirse en las montañas y esta increíble formación se convierte en una espectacular cascada. ¡No podría haber tenido mejores vistas para terminar mi memorable viaje al Líbano!

 

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