Marrakech: qué visitar en la ciudad roja

Hermosas mezquitas y jardines, una medina perfectamente conservada, el desierto del Sahara a solo unos pasos... Marrakech no solo es el principal centro cultural de Marruecos, sino que también se ha convertido en uno de los destinos más populares del país. ¡Y con motivo!

Si estás interesado en experimentar la cultura marroquí de primera mano, Marrakech es sin duda tu lugar. ¡Continúa leyendo para descubrir cuáles son los lugares más destacados de los que puedes disfrutar en este fascinante lugar!


Cómo llegar a Marrakech

 

Marrakech tiene un aeropuerto muy bien conectado con rutas de bajo coste a casi cualquier gran capital europea. El aeropuerto está ubicado a solo 4.5 km al oeste de Jemaa el-Fna, la plaza principal de la ciudad, por lo que estarás en el centro de la ciudad en menos de 10 minutos.

Aeropuerto de Marrakech

La forma más fácil de ir a la ciudad desde el aeropuerto es en taxi. Acordar un precio puede ser un poco complicado, especialmente porque a los marroquíes les encanta regatear, pero no deberías pagar más de 50 u 80 dirhams (aprox. de 5 a 8 euros).

Si vienes desde otra ciudad de Marruecos, lo más probable es que llegues en autobús o tren. Las principales compañías de autobuses para turistas son CTM, Pullman du Sud y Supratours, que conectan Marrakech con todas las ciudades principales. Todos los autobuses de larga distancia paran en Bab Doukkarla, aproximadamente a 20 minutos a pie de Djemaa El-Fna, o en un viaje en coche de tan solo 20 dirham (aprox. 2€).

Si decides tomar el tren, hay conexiones a Casablanca, Rabat y Tánger que también se conectan con muchos otros destinos nacionales. Marrakech es lo más al sur que se puede llegar en tren. La estación de tren se encuentra en la Ville Nouvelle, en la avenida Hassan II, a unos 20 minutos en taxi.

 

Historia de Marrakech

 

Marrakech fue fundada en 1062 por Yusuf ibn Tashfin, el líder del imperio almorávide y una de las figuras más prominentes de Marruecos. No solo estableció en Marrakech la capital del país, sino que también extendió la religión islámica por todo el Magreb y la España musulmana.

En 1147, un nuevo movimiento religioso llamado almohades y formado por bereberes procedentes del Alto Atlas se apoderó de la ciudad comandados por el califa Abd al-Mu'min. Ordenó la construcción de dos mezquitas, ya que él afirmaba que las mezquitas de Marrakech no estaban orientadas correctamente. Una de estas mezquitas es la famosa Mezquita Kutubía, inspirada en la arquitectura de Al-Andalus en el sur de la actual España.

Marrakech

La ciudad quedó olvidada durante la dinastía benimerín en el siglo XIII, cuando la capital fue trasladada a Fez durante más de dos siglos. No fue hasta el siglo XVI que los saadíes llevaron de vuelta la capital a Marrakech y la ciudad floreció una vez más con la construcción de la mezquita Bab Doukkala, la madraza Ben Youssef y las tumbas saadíes.

La ciudad se convirtió en foco de interés durante el siglo XX, cuando los franceses, españoles y portugueses tomaron el control de Marruecos debido a su ubicación privilegiada como puerta a África. La ciudad cambió de manos en múltiples ocasiones hasta que el país obtuvo su independencia en 1956.

En 1911, la capital se trasladó una vez más, esta vez a Rabat. Sin embargo, Marrakech sigue siendo una de las ciudades más destacadas del país, principalmente gracias a su fortaleza económica y turística.

 

Marrakech

 

Ya había estado en el norte de Marruecos, pero tenía especialmente ganas de explorar Marrakech y aventurarme en el desierto un par de días después.

Decidí quedarme lo más cerca posible de la medina (el antiguo barrio árabe), ya que es el mejor lugar para comenzar a explorar la ciudad. Mi primera parada del día, que estaba literalmente a la vuelta de la esquina de mi hotel, fue la plaza Jemaa el-Fna, el principal centro de actividades de la ciudad.

 

Plaza Jemaa el-Fna

 

La amplitud de la plaza es realmente fascinante. Lleno de puestos de comida y fruta, restaurantes con terrazas con vistas a la plaza, vendedores ambulantes, encantadores de serpientes y casi todo lo que puedas imaginar, la plaza siempre está llena de vida.

Sin embargo, es por la noche cuando Jemaa el-Fna realmente se despierta. Mi visita tuvo lugar durante el mes de Ramadán, por lo que los fieles iban en hordas a la plaza después del atardecer para romper el ayuno todos juntos. La plaza también es uno de los principales puntos de encuentro para los locales, por lo que realmente puedes sentirse inmerso en la cultura marroquí mientras caminas por la plaza.

Ten especial cuidado con algunos lugareños que intentan aprovecharse de los turistas, especialmente aquellos con animales exóticos. No dudarán por un segundo en colocar una serpiente o un mono en su cabeza para tratar de obligarte a tomar una foto con ellos y, por supuesto, ¡pagar una propina irrazonable!

Yo estaba tomando algunas fotos alrededor de la plaza cuando de repente sentí una cobra que un graciosillo decidió ponerme alrededor del cuello sin mi consentimiento. El incidente conllevó cierta tensión y muchos gritos que acabaron con mi buen humor por gran parte del día. Si tienes miedo a las serpientes o no te gustan mucho los monos, ¡ten cuidado!

 

Encantador de serpientes

 

A uno de los lados de Jemaa el-Fna no muy lejos en la distancia podrás ver la mezquita Koutoubia, la más grande de la ciudad. La plaza y la mezquita están conectadas por una ancha calle llena de carruajes de caballos que tratarán insistentemente en llevarte a pasear, por lo que es recomendable evitar caminar por el centro.

Cerrada para turistas, la mezquita es uno de los principales puntos religiosos de Marrakech. Su minarete de 77m, inspirado en otros edificios como la Giralda de Sevilla, se alza en medio de los jardines circundantes. La mezquita está ricamente decorada con curvas, arcos y cerámicas en un típico estilo árabe.

La mezquita está construida sobre las ruinas de la fortaleza de Abu Bakr ibn Umar, construida en 1070. Parte de estas ruinas todavía se pueden ver hoy, junto con parte de la monumental puerta de piedra del palacio de Ali ibn Yusuf, construido en 1226 y luego destruida por los almohades cuando comenzaron a construir la nueva mezquita.

 

Mezquita Kutubía desde la plaza Jemaa el-Fna

Minaret

Koutoubia Mosque

 

Me dirigí a las sinuosas calles de la medina hasta llegar a la plaza Moulay el Yazid, antiguamente una plaza real almohade antes de que fuera tomada por los saadíes y los alauitas.

La mezquita ubicada en la plaza data de finales del siglo XII. Restaurada en numerosas ocasiones en el siglo XVI, XVIII y nuevamente a comienzos del siglo XXI, rivaliza con la mezquita Kutubía en su belleza. La mezquita es notable por su diseño en forma de T, sus patios al aire libre, su minarete y un hermoso púlpito. Como todas las mezquitas en Marruecos, no está abierta a los turistas.

 

Entrada a la medina

Plaza Moulay el Yazid

Mezquita Moulay el Yazid

 

A la vuelta de la esquina de la mezquita Moulay El Yazid, en la parte norte del distrito almohade de la Kasbah, llegarás a las tumbas saadíes. La entrada cuesta 70 dirhams (aprox. 7€).

El acceso principal a esta necrópolis de la familia real saadí era a través de la mezquita localizada a su lado, pero en 1917 se abrió una nueva entrada en la esquina suroeste, la cual conduce a un espacio al aire libre ocupado por un cementerio y un jardín, cerrado al este y al sur por un muro interior flanqueado por torres.

El núcleo de esta necrópolis fue erigido por el sultán Abdallaah Al-Ghalib en 1557 para albergar la tumba de su padre Muhammad Shaykh, el fundador de la dinastía saadí.

 

Patio de las tumbas saadíes

 

La sala intermedia, conocida como la sala de las doce columnas, es una sala construida bajo una cúpula que descansa sobre cuatro grupos de tres pilares de mármol de Carrara. Estos sostienen un techo de madera esculpida de cedro, decorada con grandes arcos de muqarna cuyo diseño se asemeja al pabellón oriental de la madraza Qarawayyin en Fez, que probablemente fue construida aproximadamente al mismo tiempo.

El primer conjunto se completa con la sala de los tres nichos, cubierta por un techo de madera de cedro tallada.

Esta obra maestra de la arquitectura funeraria se basa indiscutiblemente en las necrópolis de las dinastías anteriores, especialmente las de los benimerines en Fez y Chellah. Además, la artesanía en todo el complejo, como se ve en el trabajo de estuco, la cerámica y el techo de madera de cedro tallado, es muy similar al estilo hispano-magrebí, sobre todo al arte nazarí inmortalizado en la Alhambra de Granada.

 

Tumbas saadíes

Decoración andalusí dentro de las tumbas

Tumbas saadíes

 

Construido por el sultán saadí Ahmed el Mansour en el transcurso de su reinado (1578-1603), el palacio El Badi es otro punto de interés incomparable en Marrakech. La entrada cuesta 70 dirhams (aprox. € 7)

Destinado a festividades y audiencias oficiales con el soberano, fue anfitrión de innumerables embajadores extranjeros, visitantes distinguidos, sabios y poetas. Todos quedaban impresionados por la altura y el grosor de sus paredes, el lujo de su decoración, el tamaño de sus piscinas y la exuberancia de la vegetación. Alrededor de su inmenso patio, cuatro grandes pabellones son sostenidos por columnas de mármol y adornados con mosaicos, yeso esculpido y madera finamente pintada.

Desafortunadamente, el estado actual de conservación es bastante malo, y la mayoría de los edificios dentro del Palacio El Badi son bastante decadentes. Si estás limitado en tiempo, personalmente no recomendaría una visita al interior.

 

Palacio El Badi

 

Al contrario del Palacio El Badi, que me pareció bastante decepcionante, el Palacio de la Bahía fue una de las construcciones más impresionantes que visité en Marrakech. El precio de la entrada es de solo 10 dirhams (aprox. 1€).

El palacio alberga una colección de patios, jardines, salones y dependencias, todos los cuales son iguales en belleza, esplendor arquitectónico y alrededores. ¡Puedes pasar varias horas dentro con facilidad!

Su nombre significa "magnífico", y realmente lo es. Con casi dos hectáreas, es uno de los palacios más grandes de la medina. Fue construido por el gran visir Ahmed Ben Moussa, conocido como Ba Hmad, quien ordenó su construcción entre 1894 y 1900.

El palacio está compuesto por un gran patio de entrada con enormes árboles, un pequeño riad (casa tradicional) rodeada de habitaciones y nichos, un pequeño patio al aire libre con habitaciones que albergan los cuartos de los dueños, así como el patio principal y su magnífica sala de reuniones. El palacio está decorado en su totalidad con zellij (mosaicos), así como yeso y madera finamente esculpidos y pintados.

 

Entrada al palacio

Decoración de estuco

Arcos esculpidos

Patio de naranjos

Techo de madera esculpido y pintado

Patrio trasero del Palacio Bahia

 

Con la mayoría de las atracciones turísticas cerrando temprano debido al Ramadán y con tantos lugares interesantes aún por visitar, decidí terminar el día con la madraza de Ben Youssef, ubicada no muy lejos del Palacio de la Bahía. Tiene una tarifa de entrada de 60 dirham (aprox. 6€).

La madrasa es una antigua escuela islámica que hoy solo funciona como un lugar histórico. La escuela fue fundada durante la dinastía benimerín, pero el edificio actual fue construido durante el siglo XVI. Fue un centro de aprendizaje y adoración muy destacado, siendo la escuela más grande de la época. Más de 800 estudiantes solían asistir a la escuela para aprender derecho coránico e islámico, así como literatura, historia y ciencias.

La madrasa cerró en 1960, cuando se convirtió en un sitio histórico.

 

Madraza Ben Youssef

 

Mi visita a Marrakech había llegado a su fin, por que volvimos a nuestro hotel. Al día siguiente iba a dirigirnos al desierto del Sahara durante dos días, ¡la parte más esperada de mi viaje!

Pero en el camino de regreso todavía pude disfrutar de una de mis partes favoritas de explorar Marrakech: perderme en la Medina. Calles sinuosas, mercados que llenan el aire con especias y olores locales ... ¡Todos tus sentidos parecerán explotar mientras caminas por el casco antiguo!

La medina en Marrakech está mucho mejor conservada que en muchas otras ciudades de Marruecos, con calles pavimentadas que son mucho más limpias en comparación con Fez o Tánger. ¡Estoy seguro que explorar la medina será una aventura fascinante que nunca olvidarás!

 

Durante mi visita me alojé en el Hotel Cecil, ubicado a la vuelta de la esquina de la plaza Jemaa el-Fna. Su ubicación no podría ser mejor, justo en el corazón de la medina, con casi todas las atracciones turísticas accesibles a pie en solo unos minutos.

El hotel era parte de un paquete turístico había reservado, el cual también incluía un viaje de 2 días al desierto.

Aunque el hotel es bastante modesto, las instalaciones son bastante buenas para los estándares marroquíes. Todas las habitaciones incluyen baño privado, aire acondicionado y TV con satélite. El desayuno estaba incluido en mi estancia, el cual se servía en la terraza superior con vistas a Jemaa el-Fna.

El personal era muy amable y servicial, y en general el lugar tenía un ambiente muy acogedor. ¡Definitivamente una gran opción para una escapada a Marrakech!

Todas las opiniones son mías.


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